La Vida Después de la Muerte



“Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?” ,Job 14:14


No hay otro tema que sea más irresistible y de interés universal que la posibilidad de vivir después de la muerte. Y así es porque la muerte por sí misma es universal, y porque todos los humanos de buen raciocinio quieren vivir. Nadie, bajo circunstancias normales, quiere morir, pero a la vez todos se dan cuenta del hecho de que de acuerdo con la experiencia humana la muerte espera a cada miembro de la raza humana. Así que la pregunta que está en los corazones y sobre los labios de muchos es que si existe vida después de la muerte.

Los hombres y las mujeres a través de las edades, frustrados con la muerte de sus seres queridos, y con la certeza de su propia caída final ante la Muerte, han concebido toda suerte de filosofías en un esfuerzo para calmar sus temores y para negar la realidad de lo que es tan trágicamente real. Han intentado creer que la muerte no es lo que parece ser; que no es un enemigo sino un amigo, un medio por el cual los humanos entran otro mundo de vida más sublime.

Vez tras vez la pregunta ha sido planteada, tanto por los cultos como los incultos, ¿Dónde están los muertos? ¿Qué pasa cuando una persona muere? ¿Están los muertos aun más vivos que los mismos vivos? Hace miles de años, el profeta Job preguntó, “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?” (Job 14:14) Así habló el profeta de Dios por los innumerables millones que han lamentado la pérdida de sus seres queridos, y que, de acuerdo con el resto de la humanidad, han anticipado con temor la llegada de una muerte asegurada.

Job tuvo un interés personal y vital en la respuesta a su pregunta, “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?”, porque él acabó de pedir que Dios le dejara morir. Job no estuvo cansado de vivir, sino estuvo agotado con el sufrimiento hasta el punto que se preguntó si la vida bajo tales condiciones valía la pena.

Santiago escribió, “Habéis oído de la paciencia de Job.” (Santiago 5:11) Job necesitaba la paciencia puesto que Dios había permitido que sufriera varias calamidades muy severas. Sus rebaños, su ganado y su familia todos fueron destruidos. Perdió su salud y fue afligido con una enfermedad repugnante de la piel que cubrió su cuerpo entero. Por último, su esposa se puso en su contra y dijo, “Maldice a Dios, y muérete.” , Job 2:9

Sin embargo, Job no tuvo ninguna intención de maldecir a Dios. Él tuvo confianza en Dios aunque no entendió la razón por la que le dejó sufrir tan severamente. Entendiblemente, él buscó la liberación de sus sufrimientos, si fuera la voluntad de Dios, y oró así, “¡Oh, quién me diera que me escondieses en el Seol, que me encubrieses hasta apaciguarse tu ira, que me pusieses plazo, y de mí te acordaras!” ,Job 14:13

Habiendo pedido a Dios que le dejara morir, Job meditó la cuestión de lo que estaría involucrado en este asunto si Dios contestara su oración y le permitiera morir. Así que preguntó, “Si el hombre muriere [si muera yo, como he pedido], ¿volverá a vivir [vuelva yo a vivir]?” Job habló desde el punto de sus propias experiencias y sentimientos, pero como profeta de Dios, sus palabras son divinamente inspiradas, así que sabemos que él formuló la pregunta concerniente a la vida después de la muerte de tal manera que está de acuerdo con la verdad de la Palabra de Dios.

Por eso, es importante notar que Job no preguntó, “Si el hombre muriere, ¿es aun más vivo que antes?” Tampoco preguntó, “Si el hombre muriere, ¿significa esto que sólo se ha transportado a otro cuarto, o se ha ido al cielo, o a un lugar de tormento?” Job supo que cuando un hombre muere, está muerto de verdad, así que la pregunta que planteó fue, “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?”

De este modo, llega a nuestra atención la gran verdad fundamental de la Biblia de que la vida después de la muerte depende de la revivificación, del despertamiento, de los muertos. Hay una esperanza de vivir después de la muerte, pero no porque la muerte no existe, sino porque Dios ha prometido utilizar su poder fuerte para restaurar a la vida a los muertos. Job supo que si se le fuera permitido morir para escapar del sufrimiento, Dios lo restauraría a la vida después, ya que también dijo, “Todos los días de mi edad esperaré [en la muerte], hasta que venga mi liberación [desde la muerte hasta la vida]. Entonces llamarás, y yo te responderé; tendrás afecto a la hechura de tus manos.” – Job 14:14,15


La Esperanza de la Resurrección

La afirmación de Job de que Dios, en su propio tiempo debido, lo llamaría de la muerte está completamente de acuerdo con el testimonio de la entera Palabra de Dios concerniente al asunto de la vida después de la muerte. Es esta esperanza de la resurrección que se pone en relieve tan claramente, y con tanta certeza consoladora en el Nuevo Testamento.

El Apóstol Pablo escribió, “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos.” (1 Cor. 15:21) Los dos hombres a los cuales se hace referencia en este versículo son Adán y Jesús. Adán violó la ley divina, y les trajo a sí mismo y a su prole la penalidad de la muerte. Jesús tomó el lugar del pecador en la muerte, y así hizo posible la liberación de la raza adámica de la muerte por medio de una resurrección. Esto es lo que Pablo quiso decir cuando escribió, “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” .Rom. 6:23

La resurrección de los muertos es tan vital a la promesa de la vida después de la muerte que el Apóstol Pablo, escribiendo con respecto a los cristianos, enfatizó que si no hay una resurrección, “entonces también los que durmieron en Cristo perecieron.” (1 Cor. 15:18) Esto significa simplemente que si no hay una resurrección, aun los que ahora creen en Cristo, y siguen sus pasos, perecerán en la muerte.


¿Por Qué Hay Tanta Confusión?

Ya que la Biblia enseña tan claramente que la esperanza de vivir después de la muerte se basa en las promesas de Dios de restaurar a la vida a los muertos, naturalmente surge la pregunta por qué hay tantos que están confundidos al respecto aunque profesan creer en las enseñanzas de la Biblia. La base para esta confusión se originó en el Jardín de Edén. Dios dijo a Adán, “Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” (Gen. 2:17) Luego, Satanás, hablando por medio de una serpiente, preguntó a Eva acerca de esto, diciendo, “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?” (Gen. 3:1) Eva confirmó lo que Dios había dicho, incluyendo su declaración de que la muerte sería la penalidad por la desobediencia. .vss. 2,3

Entonces Satanás, replicando a Eva, dijo, “No moriréis.” (Gen. 3:4) Esto fue un rechazo de lo que había dicho el Creador. En efecto, Satanás acusó a Dios de mentir cuando dijo que la muerte sería la penalidad por la desobediencia. Posiblemente, Satanás creyó que de alguna manera él podría frustrar el propósito divino de infligir la penalidad de la muerte sobre el hombre. Si hubiera sido así, él pronto descubriría que los esfuerzos para efectuarlo fueron en vano, ya que la raza humana empezó a morir.

Pero, Satanás no concedió que estuvo equivocado. Al contrario, él comenzó, por medio de agentes humanos, a difundir la propaganda de que la muerte no es lo que parece, que en la realidad no hay muerte. Al grado que pudo inducir a la gente a creerlo, él estaría probando que expresó la verdad cuando dijo a la madre Eva, “No moriréis.” Sólo parecerá que moriste y, cuando parece que moriste, en realidad estarás aun más vivo que antes.

Para los que tienen confianza en la Palabra de Dios, no habrá ninguna dificultad en decidir cual de las declaraciones hechas en el Jardín de Edén deben aceptarse. Fue el Creador que declaró, “El día que de él comieres, ciertamente morirás,” y sabemos que Dios dijo la verdad. Fue Satanás que dijo, “No moriréis,” y sabemos que él no dijo la verdad. Jesús, hablando de Satanás, dijo, “Es mentiroso, y padre de mentira.” .Juan 8:44

Satanás, no solamente es un mentiroso, sino también, como declaró Jesús, él es el padre de la mentira. En otras palabras, Satanás engendró la primera mentira, y ésta fue la más devastadora mentira de mayor alcance que jamás se expresó. Esta falsedad, originada en el Jardín de Edén, ha corrompido la verdad concerniente al tema de la muerte en las mentes de la gente de toda nación y religión; mientras que la verdad, expresada por Dios en la declaración, “Ciertamente morirás,” ha sido creída por solamente unos cuantos.


La Falsedad de la “Entidad Distinta”

Es evidente a todos que el cuerpo humano muere. Satanás supo que de ninguna manera pudo engañar a la gente al respecto, así que empezó a diseminar la idea de que hay algo dentro del cuerpo humano que es distinto del cuerpo, una entidad que se escapa del cuerpo cuando éste muere, y sigue viviendo. En los círculos supuestamente cristianos, este algo indefinible se llama el “alma inmortal.”

Los egipcios antiguos sostenían este punto de vista. Después, fue adoptado por los filósofos griegos y luego fue introducido en la iglesia cristiana por los filósofos paganos griegos tras la muerte de los apóstoles.

Aunque se describe de varias maneras, esta teoría sostiene que existe algo dentro del hombre que no puede morir y, por eso, la muerte no existe, y ha sido la creencia común de todos los religiosos paganos.

La Biblia indica que esta idea era muy común entre los paganos en los días del rey Salomón, y lo encontramos combatiendo este error con la verdad. Él escribió, “Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad. Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo. ¿Quién sabe [o quién puede probar] que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba, y que el espíritu del animal desciende abajo a la tierra?” .Ecles. 3:19-21

Cuán claramente Salomón declara la verdad de Dios, afirmando que en la muerte el hombre y la bestia son semejantes, que los dos tienen la misma respiración, o “espíritu,” como se traduce la misma palabra hebrea en el versículo 21. Después de haber establecido la verdad, él pregunta, ¿quién puede probar lo contrario? Evidentemente, él supo que las naciones paganas que le rodeaban creían en lo contrario, que mantenían la mentira del diablo de que la muerte no existe, que aunque el cuerpo muere, hay un “espíritu” que “sube arriba” y sigue viviendo. Pero esto, como demuestra Salomón, no es la verdad. Al contrario, dice que en la muerte, el hombre y la bestia son semejantes. La preeminencia del hombre sobre la bestia consiste en que Dios ha prometido que restaurará a la vida a los humanos muertos en la resurrección, pero no ha prometido hacer lo mismo para los animales bajos.


Las “Almas Inmortales” No Existen

La expresión, el “alma inmortal” no aparece en la Biblia, ni tampoco enseña de la más mínima manera que una “entidad distinta” habita el cuerpo humano y se escapa para vivir en otro lugar cuando el cuerpo muere. El primer uso de la palabra “alma” en la Biblia se encuentra en Génesis 2:7. En este texto nos dice que Dios creó al hombre del polvo de la tierra, sopló en su nariz el “aliento de vida,” y el hombre vino a ser “alma viviente.” .Reina-Valera 1909

Un “alma viviente” es simplemente un ser viviente, o una criatura viviente, que, como se revela en este texto, es el resultado de la unión del aliento de vida con el organismo, o el cuerpo. El cuerpo no es el alma. El aliento de vida no es el alma. Es cuando, como resultado del favor y del poder divino, el aliento vivifica al cuerpo y la combinación de las dos cosas resulta en un “alma viviente.”

Salomón dijo que el hombre y la bestia tienen una misma respiración, y él tenía razón. En cuanto a los humanos y a los animales bajos que fueron destruidos en el diluvio leemos, “Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre. Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que había en la tierra, murió.” Gen. 7:21,22

Debido al hecho de que la creación bruta vive por medio del mismo “aliento de vida” que capacita al hombre vivir, todos los animales también son “almas vivientes,” y esto se establece claramente en la Palabra de Dios. Esta verdad importante se esconde del lector casual de la Biblia a causa de una inconsistencia en la traducción. Por ejemplo, en Génesis 1:24 leemos, “Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así.”

En este texto la expresión “seres vivientes” es una traducción de la mismísimas palabras hebreas de las que se traducen “alma viviente” en Génesis 2:7, dónde se hace referencia a Adán, las palabras “criatura” y “alma” ambas son traducciones de la palabra hebrea nefesh. Es solamente por causa del hecho de que los traductores quisieron establecer una diferencia entre el hombre y la bestia, algo que las Escrituras no autorizan, que utilizaron la palabra “criatura” cuando hicieron referencia a los animales bajos, y “alma” cuando el texto se refirió al hombre. No es extraño entonces que Salomón escribió, “Como mueren los unos, así mueren los otros.” Cuando Adán murió, su cuerpo regresó al polvo, “Pues polvo eres, y al polvo volverás.” (Gen. 3:19) El derecho de vivir que provino de Dios y que fue implementado por el aliento que Dios sopló en su nariz, regresó a Dios.

Este pensamiento se hace claro por Salomón cuando, al describir lo que sucede cuando muere un hombre, escribió, “El polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio.” . Eccles. 12:7

La verdad sencilla que se pone de manifiesto en este texto se ha confundido en las mentes de muchos por un mal entendimiento de la palabra “espíritu.” Es la traducción de una palabra hebrea que simplemente significa “aliento,” o, como en este caso, el poder invisible de la vida. En su sermón en la Acrópolis, Pablo dijo que en Dios, “vivimos, y nos movemos, y somos.” Hechos 17:28

Este texto no sugiere ni de la más mínima manera que cuando un hombre muere hay una entidad inconsciente que se escapa del cuerpo y sube a Dios en el cielo. La palabra “volver” usada en este texto excluye la posibilidad de una interpretación como tal. El cuerpo regresa al polvo porque vino del polvo. Si el “espíritu” fuera una entidad distinta que regresara a Dios, esto significaría que la entidad consciente previamente había vivido con Dios y fue permitida venir a la tierra temporalmente para residir en un cuerpo humano. ¡Cuán irrazonable sería una conclusión como tal!

Por otra parte, cuán consistente es la definición de Salomón de la muerte de acuerdo con los hechos presentados en la Biblia respecto al alma viviente humana o al ser viviente. Cuando el cuerpo y el aliento regresan a sus fuentes originales, el hombre se deja como si nunca hubiera existido. El alma viviente, o el ser, ya no existe. Se ha muerto, y la muerte es la penalidad por el pecado. Ezequiel 18:4 declara, “El alma que pecare, esa morirá.”


La Muerte Se Cambia Al “Sueño”

Puesto que Dios ha prometido restaurar a los muertos humanos a la vida, la Biblia hace referencia a los que han muerto como estar “dormidos.” Esta verdad importante de la Biblia se pone en relieve por Jesús cuando habla de Lázaro, el hermano de Marta y María. Él dijo a sus discípulos, “Nuestro amigo Lázaro duerme.” Los discípulos pensaban que Jesús estaba refiriéndose al sueño natural, así que les dijo claramente, “Lázaro ha muerto.” Juan 11:11-14

De este modo, Jesús estableció una de las enseñanzas básicas de la Palabra de Dios. Lázaro estuvo muerto, pero a la vez estuvo “dormido.” Cuando Dios dijo a Adán que la desobediencia resultaría en la muerte, “Ciertamente morirás”, hizo referencia a la extinción de la vida. Esta extinción de la vida hubiera sido permanente si no fuera por el hecho de que Dios todavía amaba a sus criaturas humanas y proveyó la redención de ellos por el don de su Hijo amado para ser el Redentor y el Salvador de la muerte. Juan 3:16; 1 Tim. 2:3-6

Jesús entregó su “carne,” su humanidad, para la vida del mundo. (Juan 6:51) Por eso, se hizo la provisión para anular la sentencia de muerte que fue puesta contra Adán y su prole. Aunque todos siguen muriendo, no obstante, habrá un despertamiento de los muertos debido a la redención provista por medio de Cristo Jesús. En vista del hecho de que los muertos resucitarán, la Biblia utiliza el término “sueño” para describir la ausencia temporal de vida de ellos.

Los que duermen están inconscientes y así son los que han muerto. No ven nada, no oyen nada y nada saben. La Biblia dice, “Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben.” (Eccles. 9:5) Los que duermen pueden ser despertados; de la misma manera los que están “dormidos” en la muerte pueden ser y serán despertados. Como dijo Jesús de Lázaro, “Voy para despertarle.” (Juan 11:11) Por consiguiente, todos los que “duermen” en la muerte serán despertados por el poder divino en la mañana del nuevo día de la tierra. Esta es la razón por la que leemos, “Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría.” Salmos 30:5


La Consolación de Marta

Jesús y la pequeña familia de Betania, Marta, María y Lázaro, fueron muy buenos amigos. Cuando Lázaro se enfermó, Jesús y sus discípulos estuvieron en Galilea, a larga distancia de Betania. Las hermanas mandaron un mensaje a Jesús concerniente a la enfermedad de Lázaro, pero él no fue a ellas de inmediato. Esperó dos días, y luego anunció que Lázaro había muerto, y estaba “durmiendo,” y que iba a “despertarle” del sueño.

Marta salió para encontrar a Jesús cuando se acercaba al hogar de ellas. Regañándolo suavemente, ella le dijo, “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.” (Juan 11:21) Marta estuvo desconsolada, y ésta fue una oportunidad excelente para que Jesús la consolara y lo hizo. Pero, ¿cuales fueron las palabras de consuelo que el Maestro le compartió durante el tiempo de su gran necesidad? ¿Le dijo Jesús, como muchos han dicho bajo circunstancias similares, “Marta, tu hermano no está muerto realmente, sólo se ha quitado su cáscara exterior, a saber, su cuerpo”? ¿Le dijo Jesús que el Lázaro verdadero estuvo aun más vivo que antes? ¿Le dijo a Marta que fuera posible que el “alma” de Lázaro estuviera flotando muy cerca? ¿Le dijo, “Marta, la muerte no existe”?

No, Jesús no dijo nada por el estilo. Jesús previamente había dicho a sus discípulos, “Lázaro ha muerto,” y no contradeciría ahora esta verdad al decir a Marta que su hermano estuvo aun más vivo que antes. Lo que él sí dijo a Marta para consolarla estuvo de acuerdo con el testimonio de la entera Palabra de Dios. Sabiendo que Lázaro estuvo muerto de verdad, él le dijo a Marta, “Tu hermano resucitará.” vs. 23

Si Lázaro fuera a vivir de nuevo él tendría que ser restaurado a la vida, y Jesús le aseguró a su hermana que esto sucediera: “Tu hermano resucitará.” Marta no estuvo segura de lo que Jesús quiso decir con eso. Ella supo que Jesús había despertado a otros del sueño de la muerte, y ella le había dicho a Jesús, “Todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará,” pero ella no estuvo segura si Jesús pediría en ese momento a Dios para que despertara a su hermano del sueño de la muerte. Así que ella respondió, “Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.” . vs. 22-24

Sí, Marta supo que habrá una resurrección general de todos los muertos, y que en aquel entonces Lázaro sería despertado del sueño de la muerte. Ella conoció las promesas relatadas en el Antiguo Testamento, y prestó reverente y piadosa atención a las enseñanzas de Jesús, así que ella supo que hay una gloriosa esperanza de resurrección para toda la humanidad.

Además, Marta entendió que la resurrección general tendría lugar en el “día postrero.” El “día postrero” no es un “fin del mundo”, como han supuesto muchos. La palabra “día” en este caso hace referencia a una era, o edad, a la última edad en el gran plan de Dios para la redención y la salvación de la raza humana del pecado y de la muerte.

Hay varias edades en el plan divino de la salvación. Antes del primer advenimiento de Jesús hubo la Edad Patriarcal, y también la Edad Judaica. Desde el primer advenimiento de Cristo, ha habido la Edad Evangélica. Estas han sido edades de preparación en las cuales Dios ha seleccionado y preparado a los que cooperarán con Jesús en la última edad del plan divino, el “día postrero”, aquel periodo de tiempo cuando el plan de Dios alcanzará su apogeo en el despertamiento de los muertos y en la restauración a la perfección de vida de todos los que en aquel tiempo creerán y obedecerán las leyes del reino de Cristo.

Marta estuvo enterada de esta última edad, o último día, en el plan de Dios, y ella supo que su hermano, y todos los que han muerto, serían despertados del sueño de la muerte. Sin embargo, Marta no supo si esto fue lo que quiso decir Jesús cuando dijo, “Tu hermano resucitará.” Ni tampoco le explicó directamente Jesús exactamente lo que fueron sus intenciones inmediatas. En vez de hacer esto, él le replicó, “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.” (vss. 25,26) Marta había expresado fe en la resurrección general en el “día postrero.” Ahora, Jesús le explicó que él es “la resurrección y la vida,” es decir, el que despertaría a los muertos en el último día, y el que daría vida eterna a todos los que en aquel entonces creen en él.

En su respuesta a Marta, Jesús menciona dos clases de individuos que reciben vida por él. Primero, hay los que creen ahora, pero todavía mueren. Estos, él asegura a Marta, serán despertados de la muerte. Y hay, también, los que después de haber sido despertados en la resurrección, creerán en él entonces. Estos, le dijo, no morirán de nuevo. La traducción de Rotherham (en inglés) se lee así, “El que cree en mí, aunque muera, vivirá de nuevo y nadie que vive de nuevo y cree en mí no morirá de ninguna manera.” . vss. 25,26

Después de asegurar a Marta de este modo del despertamiento tanto de los justos como de los injustos en la resurrección, Jesús le preguntó, “¿Crees esto?” Marta le respondió, “Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.” (vss. 26,27) Marta comprendió propiamente que el Cristo, o el Mesías de la promesa, sería enviado al mundo para salvar a la humanidad de la muerte, y que esto se efectuaría por medio de un despertamiento de los que “duermen” en la muerte. Ella creyó que Jesús fue el Mesías prometido, el Cristo que iba a venir, y que en él se encontraba el poder de la resurrección.


El Despertamiento de Lázaro

Luego que Marta había confesado su fe en Jesús como el Mesías, y en la habilidad de él de restaurar a la vida a los muertos, ella regresó a su hogar y pidió a María que fuera con ella a encontrar a Jesús y lo hizo. Semejante a Marta, María le dijo al Maestro, “Si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano.” (vs. 32) El corazón de Jesús se conmovió por esta escena de lamento y gran pérdida, y junto con los demás, lloró también. Entonces él pidió que le mostraran la tumba donde estaba enterrado Lázaro. Manteniéndose de píe al lado de la tumba, Jesús pidió que se quitara la piedra en frente de la entrada. Entonces, Marta protestó. Ella previamente había confesado fe que Jesús podría restaurar a la vida a su hermano, pero ahora se preguntó, y le dijo a Jesús, “Señor, hiede ya, porque es de cuatro días.” (vs. 39) Pero, esto no le importó a Jesús. Él iba a demostrar lo que sería cumplido al fin y al cabo por el poder divino para todos los que han muerto, y que dondequiera que opere el poder divino no hace ninguna diferencia si la persona haya sido muerto por cuatro días o por miles de años; la vida puede restaurarse. El que creó la vida en primer lugar tiene la capacidad abundante para restaurarla.

Manteniéndose de pie ante la tumba abierta, luego de una oración apropiada, Jesús gritó con una voz fuerte, “¡Lázaro, ven fuera!” (vs. 43) Es interesante notar lo que el relato no dice. No dice en cuanto a Lázaro que el que había ido al cielo había regresado. Lázaro no había ido al cielo. No dice que el que había ido al purgatorio había regresado. No dice que el que había ido a un abismo de tormento eterno fue libertado de aquel tormento. No hay un abismo de tormento eterno.

El relato dice que cuando Jesús clamó, “¡Lázaro, ven fuera! . . . el que había muerto salió.” Jesús había dicho que Lázaro estuvo muerto. Ahora el muerto Lázaro había sido despertado del sueño de la muerte. Desatado de las vendas, Lázaro se mezcló y se asoció con su familia y sus amigos como lo había hecho antes. Restaurado a la vida, no fue ni fantasma ni espíritu. Él fue el mismo Lázaro como antes. Él estuvo gozoso de estar vivo de nuevo y su familia se regocijó con la perspectiva de tenerlo restaurado a ellos.


“No Os Admiréis De Esto”

En una ocasión anterior, cuando hablaba de la resurrección de los muertos, Jesús dijo, “No os admiréis de esto, porque viene la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz, y saldrán: los que hicieron lo bueno, a resurrección de vida, y los que practicaron lo malo, a resurrección de juicio.” (Juan 5:28,29, La Biblia de las Américas) Aquí nos aseguran que al igual que Lázaro que fue llamado desde la tumba, así serán llamados todos los muertos durante la resurrección general.

Y note que Jesús habla aquí también de las dos clases de resurrección, de los que han hecho lo bueno, y de los que han hecho lo malo o que han fracasado de hacer lo bueno. Se hace referencia a los que han hecho lo bueno en el versículo 24 como los creyentes de la edad actual. De estos se dice que tienen la vida eterna, y no vendrán a la condenación [el juicio]. Esto significa que, sobre la base de la fe, los creyentes ya no están bajo la condenación de la muerte, y tienen asegurados la vida eterna en la resurrección. Estos no estarán bajo juicio porque pasaron con éxito la prueba en la vida actual.

Estos son los que, habiendo hecho “lo bueno” al creer y al seguir fielmente los pasos de Jesús, demuestran su mérito de ser llamados de la muerte a una resurrección de “vida.” Pero, los que no han demostrado su mérito son despertados de la muerte y entran bajo juicio, ya que su despertamiento tendrá lugar durante el día de juicio de mil años para el mundo. Hechos 17:31; 2 Ped. 3:8, Apoc. 20:6

La palabra griega vertida aquí como “juicio” o krisis, tiene el mismo significado como la palabra crisis en español. Todos los que no demuestran que merecen la vida ahora afrontarán una crisis cuando son despertados del sueño de la muerte. Por supuesto, en aquel tiempo ellos serán completamente iluminados con respecto a las cuestiones envueltas, y se le dará la oportunidad, basada sobre una comprensión completa, de aceptar la provisión de vida hecha por ellos por medio de Cristo y de obedecer las leyes del reino de Cristo que entonces controlará los asuntos de toda la humanidad. Si aceptan y obedecen tales condiciones, serán restaurados a la perfección de la vida humana y vivirán para siempre. Esta será su resurrección completa. Si no aceptan ni obedecen estas condiciones, serán entregados de nuevo a la muerte. Pedro dijo concerniente a aquel tiempo que los que no obedecen “será[n] totalmente destruido[s] de entre el pueblo.” . Hechos 3:23, La Biblia de las Américas

Los creyentes de la edad actual, que han demostrado que merecen vivir y reinar con Cristo, saldrán de la resurrección, a la “gloria y honra e inmortalidad.” (Rom. 2:7) Por eso, se ve que la inmortalidad no es una calidad inherente del hombre sino un galardón glorioso ofrecido a los que de buena gana sufren y mueren con Jesús para que puedan vivir y reinar con él. Como coherederos de Jesús en su reino, éstos serán co-jueces con él durante aquel futuro periodo del día de juicio. 1 Cor. 6:2,3; Apoc. 3:21; 5:10

Luego, el mundo incrédulo se le dará la oportunidad de creer y los muertos serán despertados del sueño de la muerte para que puedan recibir esta oportunidad. Los que en aquel tiempo sí creen serán restaurados a la perfección de la naturaleza humana que perdió Adán cuando desobedeció la ley de Dios y fue sentenciado a la muerte, y vivirán en la tierra como humanos para siempre. Apoc. 21:4

Y que consumación feliz del plan divino será esta, puesto que significa que el reinado del pecado y de la muerte causado por la transgresión de Adán en Edén no va a durar para siempre y que todos los que han muerto durante este largo periodo de llanto serán despertados y dados una oportunidad individual para obedecer las leyes de Dios y vivir para siempre.

Las Escrituras declaran que “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16) Sin embargo, para creer en él deben recibir un conocimiento claro de él, y lo recibirán durante el futuro día de juicio cuando son despertados del sueño de la muerte. Esta es una esperanza gloriosa para la humanidad, y el profeta de Dios David la expone simbólica y maravillosamente al decir:

“Decid entre las naciones: Jehová reina. También afirmó el mundo, no será conmovido; juzgará a los pueblos en justicia. Alégrense los cielos, y gócese la tierra; brame el mar y su plenitud. Regocíjese el campo, y todo lo que en él está; entonces todos los árboles del bosque rebosarán de contento, delante de Jehová que vino; porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad.” . Salmos 96:10-13

Sí, de veras hay vida después de la muerte porque por medio del poder divino los muertos serán restaurados a la vida. Ésta es la gran esperanza que se ofrece en la Palabra de Dios. Es la esperanza de la resurrección de los muertos.


“Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra.” . Isaías 2:4



Urgent Needs


Contáctese con Nosotros

Si tiene preguntas, comentarios u opiniones puede escribirnos a la siguiente dirección:


  edlbargentina@yahoo.com.ar