Jesús, el Salvador del Mundo



“Llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.” Mateo 1:21


Nunca antes en la experiencia humana ha existido una necesidad fundamental por un gobernante competente. Necesitamos a alguien que sea capaz de guiar a las naciones de la tierra afectadas por las contracorrientes de egoísmo y de desesperación a un ambiente sano lleno de confianza y de buena voluntad. Sin esto, no puede haber paz perdurable, ni seguridad, para la gente o las naciones.

Hay muchos héroes excepcionales cuyos nombres y logros se glorifican a través de las páginas de la historia. Pero ninguno de ellos tuvo que tratar con las condiciones complejas que afronta el mundo hoy en día, ni tampoco fueron tan numerosos sus problemas. Hoy cada nación tiene sus problemas, y nadie parece ser capaz de encontrar soluciones adecuadas. El mundo necesita a un superhombre para conducirlo del caos que se ha desarrollado por causa de las dos guerras mundiales. Pero nadie se atreverá a decir donde se puede encontrar tal líder.

En la Biblia, el Creador ha dado a su pueblo un bosquejo de su plan para la paz mundial. Su Palabra revela en términos claros que Jesús es el Principal en los arreglos divinos para la bendición de las naciones. El canto de los ángeles durante la noche en la cual nació Jesús es suficiente para confirmar esto, ya que lo identificaron como el Salvador del mundo, mediante quien la buena voluntad de Dios sería manifestada a la raza moribunda. Aquellos ángeles también predijeron que mediante Jesús vendría paz en la tierra.

¿Pero quién es Jesús, y cuáles son sus características? ¿Qué razones tenemos para creer que él cumple con todos los requisitos necesarios para restaurar la paz a este mundo caótico? No conocemos un mejor modo de encontrar las respuestas a estas preguntas que examinar las profecías y las promesas en la Palabra de Dios que hablan de él y de sus calificaciones. Cuando hacemos esto, el mismo plan de Dios, como se relaciona con Su hijo Jesús, se revelará ante nosotros en toda su armonía y belleza gloriosa.


La Palabra (Logos) Fue Hecha Carne

Jesús tuvo una existencia prehumana. Aquel hecho se revela en Juan 1:1-3. En Juan 1:14 leemos que “aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” Que el Logos fue hecho carne, es decir, transferido de su estado prehumano al estado de la humanidad, se revela en la Biblia como un rasgo fundamental del plan de Dios. En Hebreos 2:9,14 se dice que fue así para que él pudiera morir como un ser humano por los pecados del mundo. En Juan 6:51 encontramos la propia explicación de Jesús sobre este asunto, y él dice que daría su carne por la vida del mundo. El sacrificio de Jesús como humano fue un sustituto por la vida perdida del padre Adán. Pablo afirma que “Así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.” (1 Cor. 15:22) En 1 Timoteo 2:6 el apóstol explica que Jesús se dio a sí mismo como rescate por todos, y la palabra griega aquí traducida “rescate” significa “precio correspondiente.”

Ésta, entonces, es la filosofía del plan de Dios de la redención mediante Cristo. Su Hijo unigénito fue hecho carne, carne perfecta, para que él pudiera ser un sustituto en la muerte por el Adán condenado, y así proporcionar una vía de escape de la muerte para Adán y para toda su raza. De este modo Jesús murió por toda la humanidad.

El mundo entero enaltece el espíritu de sacrificio a favor de otros, y reconoce su valor en aquellos que gobernarían a los pueblos. Todos saben el daño que resulta cuando un gobernante busca únicamente sus propios intereses, su propio bienestar, su propio progreso, y el aumento de su propio poder, sin tener en cuenta como podrían ser afectados los demás. Quizás una de las características más dignas de elogio es la buena voluntad de dedicarse en los intereses de las personas, siempre y cuando aquellos que intentan administrar los asuntos gubernamentales la posean. Pero en todos los anales de la historia, ningún gobernante, ningún estadista, ningún presidente, rey, emperador, o dictador ha igualado alguna vez a Jesús en su espíritu de lealtad, primero a Dios y luego a la humanidad. Él “anduvo haciendo bienes,” nos dicen las Escrituras. (Hechos 10:38) Él usó su poder para enseñar a otros, a medida que a diario efectuaba su ministerio de abnegación. Y finalmente él cumplió aquella maravillosa vida de servicio al entregarse voluntariamente a la muerte cruel en la cruz.

Así demostró el hombre Cristo Jesús su fidelidad. El mundo será capaz de confiar en un personaje tan noble a medida que aprendan acerca de él cuando su reino prometido por mucho tiempo se establezca en la tierra y funcione como un gobierno mundial para la bendición de las naciones.


Un Sacerdote y Un Rey

El nombre Jesús significa “el que salva”, un salvador. Pero el plan de Dios para salvar al mundo del pecado y de la muerte es tan completo que a fin de ayudarnos a entender todas sus implicaciones Dios, mediante su Palabra, ha otorgado a Jesús muchos títulos variados, cada uno desplegando algún punto de vista particular en cuanto a la salvación efectuada por él para la raza moribunda. Uno de estos títulos es “sacerdote”.

Cuando pensamos en el título “sacerdote” no debemos pensar en el mal uso de este término dado por varios grupos confesionales, sino deberíamos volver al Antiguo Testamento y notar el significado vinculado con su uso original. Dios designó a sacerdotes para servir a la nación de Israel en cuanto a la adoración. Su trabajo era doble, ofrecían sacrificios, y luego conferían bendiciones al pueblo, basadas en las ofrendas.

Es así también con Jesús. Ya ha servido como el sacerdote para ofrecer sacrificios, y más tarde conferirá al mundo la bendición de la vida eterna, hecha posible por el sacrificio que ofreció. En el caso de los sacerdotes de Israel, ellos ofrecieron animales en el sacrificio típico, pero Jesús se ofreció a sí mismo como el gran sacrificio antitípico.

Jesús también es nombrado por Dios para ser el Rey de la tierra, y en Hebreos 6:20; 7:1,2 el apóstol combina estas dos funciones en la persona de Jesús. Así que se nos recuerda que gobernará a los pueblos y los bendecirá. Respecto a este Rey sacerdotal el profeta escribió:

“Todos los reyes se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán. Porque él librará al menesteroso que clamare, y al afligido que no tuviere quien le socorra. Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, y salvará la vida de los pobres. De engaño y de violencia redimirá sus almas, y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos.” Sal. 72:11-14

Una profecía de esta índole puede ser apreciada sólo a la luz de la promesa de Dios acerca de que Jesús reinará sobre la tierra durante mil años. Esto no es una cuestión de esperar hasta que la gente acepte su reinado para que él pueda gobernar. Hay un tiempo definido en el plan de Dios cuando el Reino será establecido en la tierra. Una profecía acerca de Jesús como el nuevo Rey de la tierra, nos dice que primero él quebrantará a las naciones como “vasija de alfarero.” Sal. 2:5-12


Un Juez

Otro título que las Escrituras asignan a Jesús es “Juez”. Como juez él también bendecirá a las naciones. El salmista escribió acerca de Jesús, “Juzgará a los afligidos del pueblo, salvará a los hijos del menesteroso, y aplastará al opresor.” (Sal. 72:4) El gran opresor de las naciones a través de las edades ha sido Satanás, el Diablo. Él ha esclavizado las mentes de los hombres mediante el engaño, y así les ha impedido conocer y servir al Dios verdadero, sabiendo que el conocerlo y el servirle de la manera correcta significará la vida eterna.

Los conceptos erróneos tradicionales acerca del día del Juicio no han permitido a muchos apreciar a Jesús como el gran juez de la humanidad. En vez de anhelar el día del juicio como un tiempo de bendición, ellos han temido su proximidad, suponiendo que es un tiempo de destrucción para casi todos. En realidad, los mil años durante los cuales Jesús “juzgará al mundo con justicia” serán un tiempo de bendición para las naciones. Hechos 17:31 Cuando nuestros primeros padres transgredieron la ley divina, ellos pusieron a sí mismos y a sus descendientes bajo la condena de muerte. Pero la muerte de Jesús como el Redentor del hombre proporcionó una vía de escape de aquella condena. Las ventajas que se obtienen de la muerte de Jesús están disponibles sólo por fe en él, y obediencia a la voluntad divina. Pero, Pablo plantea la pregunta, “¿Cómo creerán en aquel de quien no han oído?” (Rom. 10:14) Hasta ahora, pocas personas han escuchado acerca de Jesús de una manera necesariamente completa para que puedan creer en él. Pero las Escrituras revelan que tendrán esta oportunidad durante el día del juicio venidero.

El día del juicio será por lo tanto un tiempo de iluminación para la gente. Pablo explica esto en su sermón en el Areópago, en el cual él contrasta “los tiempos de esta ignorancia” con el día que Dios ha designado en el cual “juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó,” Jesucristo el Justo. (Hechos 17:31) Esto será el “debido tiempo” cuando el gran hecho de que Jesús murió por los pecados del mundo será “testificado”, o dado a conocer, a toda la humanidad. 1 Tim. 2:4-6

Que la obra de juicio incluye la iluminación de la gente se indica en Apocalipsis 20:12, donde nos dicen que los “libros” serán abiertos y cada hombre será juzgado según las cosas “escritas en los libros.” Algunas personas piensan erróneamente que estos libros contienen los archivos de las vidas pasadas de la raza humana, y según ellos la apertura de los libros significará un examen completo de sus virtudes y sus pecados durante el día del juicio, y de este modo serán juzgados dignos o indignos de la vida eterna.

Pero no hay nada en las Escrituras que nos lleva a esta conclusión. El relato declara que las naciones serán juzgadas por las cosas escritas en los libros, y Jesús dijo que su “palabra” juzgará a las naciones en aquel tiempo. (Juan 12:48) La apertura de estos libros simbólicos debe significar por lo tanto una revelación de la verdad como una norma de juicio. En Isaías 29:11,12 un pensamiento similar es traído a nuestra atención. Aquí se hace mención de un “libro”. Es un libro “sellado”, que no puede ser abierto ni por los cultos ni por los incultos. Pero la profecía muestra que finalmente se abre este libro, permitiendo que los sordos y los ciegos oigan y vean lo que está escrito en ello. Esta nos recuerda la profecía de la oscuridad espiritual que envuelve a las naciones por causa del reinado del pecado y de la muerte, y nos asegura de que vendrá el tiempo cuando se disipará esta oscuridad. En aquel entonces los pueblos verán y conocerán la voluntad divina.

Es este futuro día de iluminación el que la Biblia designa como el día del juicio, durante el cual Jesús juzgará al mundo con justicia. No será simplemente un tiempo para dar premios y pronunciar sentencias. La obra de juicio incluye una prueba bajo la iluminación que se alcanzará en aquel tiempo.

Esta será la primera oportunidad verdadera y completa que el mundo habrá tenido para creer en Cristo y recibir la vida eterna. Todos cayeron bajo la condena por causa de Adán, y la gran mayoría entra en la tumba sin saber ni siquiera que Cristo murió por ellos. Pero durante el día del Juicio, ellos serán despertados de la muerte, informados acerca de Jesús y, sobre la base de aquella iluminación, se les dará una oportunidad de aceptar la dádiva de Dios, obedecer las leyes del reino, y vivir para siempre.


Admirable Consejero

Isaías 9:6,7 es una maravillosa profecía del nacimiento de Jesús y del alcance mundial del gobierno sobre el cual presidirá él. Para ayudarnos a comprender más plenamente lo que significará su gobernación para las naciones, esta profecía le asigna varios títulos significativos. “Se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.”

Algunos eruditos hebreos afirman que ninguna puntuación debería seguir la palabra “Admirable”, es decir, que es simplemente un adjetivo para “consejero”. Sabemos, por supuesto, que Jesús es “Admirable”. No importa desde qué punto de vista consideramos al Maestro, él es “Admirable”. Pero parece que aquí el Señor nos dice que Jesús es un “Admirable Consejero.” Este término “Consejero” significa más que una persona que da consejo: se asemeja más a nuestra palabra abogado, alguien que representa a un cliente delante del tribunal de justicia. Jesús actuará en esta capacidad cuando sirve como “Mediador entre Dios y los hombres.” (1 Tim. 2:4-6) Su obra como Consejero será parecida a su papel como juez. En ambos aspectos, él tratará con los pueblos para efectuar su reconciliación con Dios, y de este modo proporcionarles la vida eterna.

Jesús en efecto será un “Admirable Consejero” y un Juez justo. En otra profecía leemos de este futuro Juez, “Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío.” Isa. 11:2-4

Una persona con tales calificaciones tratará con justicia a los pueblos, y bajo su administración a aquellos que desean volver a Dios y recibir la bendición de la vida eterna en una tierra perfeccionada se les dará toda oportunidad para hacerlo.

La seguridad de que él no juzgará según lo que vean sus ojos, ni según lo que escuchen oídos es sobre todo significativo. De todos los jueces más competentes que el mundo haya tenido alguna vez, ellos han sido limitados en tomar sus decisiones sobre lo que podían ver y oír, han sido incapaces de examinar los corazones de las personas y de allí descubrir sus motivos escondidos, o si sus palabras y conducta desmintieron los verdaderos hechos de sus vidas. Pero Jesús será dotado con poderes divinos de percepción. Él conocerá la verdad acerca de todos, sin tener en cuenta sus declaraciones. ¡No es sorprendente que Pablo dijera que el mundo será juzgado con justicia, por aquel varón a quien designó Dios! Hechos 17:31


Dios Fuerte

Otro título asignado a Jesús es “Dios fuerte.” (Isa. 9:6) Esto no significa que Jesús es el “Dios Todopoderoso,” pero sí significa que él ha sido exaltado altamente en el arreglo divino y que el Creador se complace de que sea reconocido y sea adorado como un Dios fuerte. En Juan 5:22,23 aprendemos que el Padre Celestial ha encomendado todo el juicio a su Hijo, y que desea que todos los hombres honren al Hijo como le honran a él. En Isaías 53:12 la posición elevada de Jesús en el arreglo divino es otra vez traída a nuestra atención. En este capítulo se profetizan el sufrimiento y la muerte del Redentor del mundo. A causa de su fidelidad, el Creador le promete, “Por tanto, yo le daré parte con los grandes.” Esto fue cumplido cuando Jesús fue levantado de entre los muertos y exaltado altamente a la diestra del trono de Dios. Allí él se hizo “Dios fuerte,” aquel a quien el mundo entero puede acudir apropiadamente para recibir el socorro, y de quien, como el representante del Creador, puede esperar apropiadamente las bendiciones de salvación del pecado y de la muerte. Otra profecía acerca de Jesús profetizó que su nombre sería “Emmanuel”, que significa, “Dios está con nosotros.” (Isa. 7:14) Esto no significa que Jesús es el Dios Todopoderoso, el Creador sí mismo, sino que sería el representante de Dios. La llegada de Jesús a la tierra para morir por los seres humanos fue una maravillosa manifestación del amor de Dios. (Juan 3:16) Sus milagros fueron una ilustración elocuente del poder dado por Dios, que será empleado por el Cristo glorificado para curar a todos los enfermos y levantar a todos los muertos.

Las Escrituras declaran que en lo que concierne a la persona de Jehová el Creador, ningún hombre puede verlo y vivir. (Exod. 33:20) Pero en Jesús los hombres vieron la manifestación de las características gloriosas de Dios. Y a través de las leyes de su reino ellos reconocerán aun más que por medio de él la justicia, la sabiduría, el amor, y el poder del Dios Todopoderoso han entrado en vigor para su bendición eterna. Alegremente, entonces, las naciones reconocerán a Jesús como el representante de Dios, y la manifestación de la presencia de Dios en su medio.


Se Levantará Miguel

En Daniel 12:1 se aplica otro título a Jesús, a saber, “Miguel”. El término Miguel literalmente quiere decir “quien como Dios”, es decir, alguien que actúa como un representante de Dios. En esta profecía leemos que cuando se levanta Miguel “será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces.” En otras palabras, este título describe a Jesús en relación con el derrocamiento de los reinos de este mundo, preparatorio para el establecimiento de su orden justo en la tierra.

Estamos acostumbrados de pensar en Jesús como una persona amable y pacífica. Pero la manifestación de su autoridad y poder contra la maldad y las instituciones inicuas de la tierra causará angustia, un “tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces.” Aun ahora somos testigos del principio de esta angustia, que vendrá sobre las naciones de la tierra al final de la edad. Inclusive en la profecía de Isaías 11:2-9, donde leemos que Jesús juzgará con justicia a los pobres, también se declara que “con el espíritu de sus labios matará al impío.”

Será debido a su meticulosidad en la erradicación de toda la maldad y todos los malhechores de la tierra que la paz y la tranquilidad vendrán finalmente a las naciones. El estado universal de felicidad y de buena voluntad, que seguirá la destrucción de los enemigos de Dios durante el reinado de Cristo, aun la muerte sí misma (1 Cor. 15:26) es simbolizado en la profecía por varios animales de la tierra que viven juntos pacíficamente. “Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará . . . y un niño los pastoreará.” Isaías 11:6


El Padre Eterno

El Profeta Isaías declara que Jesús también será “el Padre eterno.” Sin embargo, esto no significa que él es Aquel a quien nosotros, como cristianos, nos dirigimos como nuestro “Padre Celestial.” El término padre significa el dador de vida, y un padre eterno sería uno que da la vida eterna. Jesús hará esto para todos aquellos que, durante los mil años de su reinado, creen en él y obedecen las leyes de su reino. La vida recibida por las personas de parte de sus padres naturales ha sido incierta y breve, pero a todos quienes vienen a Jesús en aquel entonces se les dará la vida eterna.

Otra escritura que arroja luz sobre el plan divino de dar vida a las personas por medio de Jesús es 1 Corintios 15:45,47. Aquí el apóstol se refiere a Jesús como “el postrer Adán,” y declara que en su resurrección de la muerte él fue hecho “espíritu vivificante”; es decir, un espíritu dotado con el poder de dar vida a otros.

“El primer hombre Adán” era de la tierra, terrenal. Dios ordenó que él y su esposa se multiplicaran y llenaran la tierra con su prole. Así vino a ser el padre original de la raza humana. Sin embargo, puesto que él transgredió la ley divina, trajo la pena de muerte sobre sí mismo. Esto significó que él podría transmitir a sus descendientes sólo una medida de vida, ya que ellos heredaron su imperfección, y así automáticamente cayeron bajo la condena de muerte. De ahí que “el primer hombre Adán” engendró la raza en una condición moribunda.

Pero será diferente en el caso del último Adán. El último Adán regenerará a los hijos del primer Adán y les permitirá disfrutar de la vida eterna. De este modo, él será “el Padre eterno.” Y Jesús mismo se refirió al Reino Milenario como el tiempo de la “regeneración.” Mateo 19:28

De acuerdo con esto, la profecía de Isaías 53:10 nos dice que Jesús verá su “linaje.” El versículo ocho de este capítulo habla de que él es cortado de la tierra de los vivientes, y dice que no había nadie para contar su generación. Es decir, no se casó y no crió a una familia como generalmente hacen los hombres, de ahí que no hay ningún descendiente natural de Jesús, nadie para “contar su generación.”

Pero el profeta declara, “Él verá su linaje”; es decir, los hijos serán levantados a él, no de la forma usual, sino en virtud del hecho de que como el Redentor del mundo él estará en una posición para dar vida a las personas. Él será su dador de vida o padre. Y debido a esto, Jesús “verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho.” Isaías 53:11 La “aflicción” está relacionada con los dolores de parto, y aquí el profeta usa el término para el método por el cual Jesús da vida a los pueblos. Esta aflicción se describe vividamente en el capítulo 53 de Isaías. Él fue “despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto.” También, “como cordero fue llevado al matadero,” y fue herido y afligido.

Sí, esta fue la aflicción, en efecto, que siguió con él todo el camino a la cruz, finalizando sólo cuando, de un corazón quebrantado él gritó, “es consumado.” Pero de esta aflicción vendrá una vida regenerada para todos los hijos del primer Adán que lo aceptarán bajo los términos de fe y obediencia. De este modo verá Jesús “el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho,” pues innumerables millones de personas le aclamarán como su padre, su dador de vida, y unánimemente cantarán sus alabanzas, diciendo, “nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación.” Que Dios sea alabado por su don del “Padre eterno” para los hombres.


El Príncipe de Paz

Jesús, el Salvador del mundo, también será “el Príncipe de Paz.” (Isaías 9:6) El canto angelical que anunció el nacimiento de Jesús presenta el tema feliz de “paz en la tierra,” y finalmente esta paz se hará una realidad. Jesús será el gran Rey cuando el “monte”, el reino del Señor es “establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados.” (Miqueas 4:1) Cuando las naciones de la tierra se dan cuenta del fracaso completo de sus propios esfuerzos de establecer la paz en lugar de la angustia actual ellas dirán, “Venid, y subamos al monte de Jehová . . . y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas.” Miqueas 4:2

Cuando las naciones así buscan los caminos del Señor y quieren andar en ellos, “martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces,” y “no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra.” (Miqueas 4:3) De este modo el Príncipe de Paz establecerá paz entre las naciones.

Pero hará más que establecer paz entre las naciones. Esto todavía dejaría conflictos y confusión dentro de las naciones. Jesús establecerá la paz universal, que significará paz entre y dentro de las naciones, paz de comunidad, paz de familia, y la más importante, paz del corazón. Esta paz del corazón resultará de tener paz con Dios. El mundo de la humanidad hoy en día está alejado de Dios por malas obras. (Ef. 4:18,19; Col 1:21) Pero el Príncipe de Paz, sirviendo como el Mediador, Consejero, y Juez, reconciliará a los hombres con Dios. Ya no estará la raza humana en rebelión contra el Creador. Y estando en armonía con él y gozando de la luz del sol de su favor, tendrán vida eterna. Salmos 30:5


Al Cordero para Siempre

Jesús, el Salvador del mundo, se representa en Apocalipsis 5:6,11-13 como un Cordero degollado. Se alude con frecuencia en las Escrituras a esta descripción simbólica de Jesús. En el capítulo 53 de Isaías se utiliza extensivamente en una profecía del sufrimiento y de la muerte de Jesús. El Apóstol Pedro explica que las profecías no sólo profetizaron los sufrimientos de Jesús, sino también “las glorias que vendrían tras ellos” (1 Pedro 1:11), y en Apocalipsis 5:13 se expone una descripción hermosa de su gloria predicha. Citamos:

“Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.”

Aquí vemos una indicación de una reconciliación completa tan comprensiva que “todo lo creado” cantará alabanzas a Dios y al Cordero. Esto no implica la salvación universal sin tener en cuenta la fe o la obediencia, ya que otra profecía dice que toda alma que no obedezca “a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.” (Hechos 3:19-23) Pero sí significa que aquellos que acepten la oportunidad en el reino serán restaurados a la armonía con el Padre, y así honrarán tanto a Dios como a su Hijo amado, nuestro Salvador.


Con el Cordero

El Cordero que fue inmolado para los pecados del mundo y es exaltado ahora a la diestra de Dios para ser el Rey de la tierra“el León de la tribu de Judá” (Apoc. 5:5; Gen 49:9) se representa posteriormente en el Libro de Apocalipsis como estar de pie sobre el Monte Sion. (Apoc. 14:1) Este es un símbolo de su autoridad real y exaltación. (Salmo 2:6-9) En esta figura del Monte Sion nos dicen que habrá otros con el Cordero en aquella posición muy exaltada, de hecho, 144.000.

Leemos que “Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va.” (Apoc. 14:4) Son los mismos mencionados en Apocalipsis 20:4, que sacrificaron sus vidas “por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios.” Por eso, “vivieron y reinaron con Cristo mil años.” Estos son aquellos mencionados por el Apóstol Pablo como los “hijos de Dios,” y “si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo.” Romanos 8:16,17

Éstos, en resumen, son la iglesia verdadera de Cristo, llamados del mundo durante la edad actual. Debido al hecho de que fielmente entregan sus vidas en el servicio divino, ellos compartirán la honra y la gloria del reino con Jesús. Reinarán con él como sacerdotes y reyes. (Apoc. 20:6) Serán co-jueces con él. (1 Cor. 6:2,3) Sirvirán con él como “ministros de la reconciliación.” (2 Cor. 5:18, Versión del Rey Jaime) Además, compartirán la honra exaltada de todas las altas funciones de Jesús en el plan divino para reconciliar un mundo perdido con Dios. Compartirán hasta su hogar celestial. Juan 14:1-3

Como la “novia” de Cristo, la iglesia también tomará parte en aquella futura obra gloriosa de dar vida y perfección de mente y de cuerpo a la raza moribunda. “El Espíritu y la Esposa dicen: Ven,” escribe el Revelador, “el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.” ¡Qué perspectiva tan gloriosa! Apocalipsis 22:17

En Isaías 11:1 Jesús es llamado la “vara del tronco de Isaí (el padre de David)” pero en Apocalipsis 22:16 Jesús es llamado tanto “raíz” como “linaje” de David. En lo que concierne la vida humana de Jesús, él fue un descendiente de David, una “vara del tronco.” Pero en su papel del Salvador y Dador de vida él se hace la “raíz” de David, es decir, su fuente de vida. Y no sólo David, sino toda la humanidad, tendrán la oportunidad de disfrutar de la vida eterna hecha posible por la obra redentora de Jesús. La Estrella Resplandeciente de la Mañana.

Apocalipsis 22:16 también habla de Jesús como “la estrella resplandeciente de la mañana.” En Malaquías 4:2 él se describe como “el Sol de Justicia,” que se levantará “con la salud en sus alas.” (Biblia de las Américas) Bajo los rayos cálidos y sanativos del favor divino a medida que irradien de él durante el Milenio, toda la humanidad tendrá la oportunidad de ser sanada, restaurada a la perfección de vida. Pero aquí él brilla como el Sol de Justicia y brilla en los corazones de sus seguidores verdaderos como la Estrella de la Mañana.

La estrella de la mañana es la que hace su aparición justo antes de la salida del sol. De acuerdo con esta ilustración, las profecías indican que antes del establecimiento del reino de Cristo, antes de que el mundo disfrutara del calor y de la curación de los rayos del Sol de Justicia, el mismo pueblo del Señor reconocerá la presencia de Jesús por las páginas de la profecía y los signos de los tiempos. Ellos le ven como la Estrella de la Mañana mientras el mundo todavía está dormido e inconsciente de su presencia. 2 Ped. 1:19

Creemos que la Estrella de la Mañana ya es visible por el ojo de la fe, y pronto la oscuridad y el caos del mundo darán lugar a la autoridad establecida de Jesús, el nuevo Rey de la tierra. La perspectiva es gloriosa, e invitamos a todos que examinen más diligentemente el testimonio profético de la Palabra y asegurarse en sus páginas sagradas que Jesús, que nació en Belén hace dos mil años, que murió en la cruz como el Redentor del hombre, que fue levantado de entre los muertos como un ser divino, está presente ahora y está a punto de manifestarse al mundo como su rey.

Entonces se realizarán todas aquellas promesas gloriosas de Dios tocantes a las bendiciones ricas y universales de salud y vida de las cuales toda la humanidad disfrutará pronto.



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